martes, 13 de agosto de 2019

Estrés


Estrés.
¿Será el estrés la patología de moda?
Según el artículo en el enlace (1), “El estrés puede provenir de cualquier situación o pensamiento que lo haga sentir a uno frustrado, furioso o ansioso”.
“La ansiedad es un sentimiento de miedo, desasosiego y preocupación. La fuente de estos síntomas no siempre se conoce”.
Me gustaría analizar la posibilidad de tomar al estrés como desencadenante, y por tanto la causa fundamental de la mayoría de los trastornos que sufren muchas personas hoy en día.
Sin duda, este enfoque no es para nada innovador, sin embargo, el problema está en lo que se considera un nivel aceptable de estrés y cuando no lo es.
Según el diccionario de la real academia española (3) estrés significa: “Tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves”.

Si bien puede haber muchas conjeturas en este enfoque, a mi modo de ver, plantea dudas o análisis muy razonables, y seguramente se pueda encontrar una corriente del pensamiento a favor de cada postura o punto de vista en particular.
Primero observemos la enorme incidencia en la población, de trastornos posiblemente derivados del estrés o directamente de la ansiedad y la frustración.

Adicciones.
Sin disponer de las cifras concretas, en Uruguay se habla de más del 50% de personas con sobrepeso y un 30% de obesidad, contando la obesidad infantil que es un problema importante de preocupación actual. El nivel de adicción a la comida que presentan las personas con obesidad es variable, pero el tratamiento de la obesidad como una adicción arroja buenos resultados en la práctica. Por lo tanto consideremos el problema de la obesidad como cierto nivel de adicción a la comida.
Ahora consideremos la incidencia de otras adicciones, como el alcoholismo, tabaquismo, drogodependencia, adicción al juego, al trabajo, a las compras, al deporte, al sexo, al dinero, a la pornografía, a la televisión, a los videojuegos, al chat, a las redes sociales, etc.
Es muy difícil conocer con certeza la incidencia de algún nivel de estas adicciones en las personas, por el simple hecho de que la negación es parte de la enfermedad y por lo tanto las personas adictas no se dan cuenta que lo son hasta que sufren claramente las consecuencias u otras personas se lo hacen saber, estando ya en una etapa avanzada de la adicción.
Ahora consideremos también a aquellas personas que sin desarrollar una adicción, canalizan su ansiedad con conductas que son puntualmente perjudiciales comparadas con el beneficio inmediato que les produce, pero por lograr cortar con esa conducta algunas veces, no se consideran adictas. Sin duda que estas personas tienen un alto potencial de riesgo de desarrollar una adicción.
Estas adicciones, o potenciales adicciones, están íntimamente relacionadas con trastornos de ansiedad. Las adicciones pueden ser psicológicas, químicas, o ambas, retroalimentándose una a la otra. El consumo del objeto de adicción produce una sensación de alivio inmediato que canaliza la frustración, ansiedad y estrés que está padeciendo el sujeto. Luego sobreviene la desazón, angustia, impotencia, daños físicos y otras tantas consecuencias negativas que sufre tanto la persona como su entorno, y que generan más ansiedad, frustración y estrés, convirtiéndose así en un círculo vicioso, ya que esta ansiedad, frustración y estrés retroalimentado, provocan la necesidad de volver a consumir para nuevamente sentirse aliviado o anestesiado.
Son numerosos los tratamientos utilizados para tratar las adicciones, y muy efectivos aquellos que utilizan equipos multidisciplinarios, pero de esta forma se atacan las consecuencias y no las causas de los problemas. Como siempre, lo urgente no deja tiempo para lo importante.

La sociedad de consumo.
Las empresas, desde las grandes corporaciones multinacionales, hasta las más pequeñas empresas familiares o unipersonales, alentadas por el sistema capitalista que ejerce presión al punto de aceptar las “reglas de juego” o desaparecer, están embarcadas en un aumento de la producción ilimitado. Este aumento de producción, dado por la explotación del medio ambiente cada vez más irracional, o de la mejora en la eficiencia de los procesos productivos, con el consecuente aumento de presiones y exigencias a los trabajadores, hace que se deban buscar nuevos mercados, o aumentar el consumo del mercado actual. Pero si la oferta aumenta, el precio y por lo tanto los beneficios decrecen, entonces hay que aumentar conjuntamente la producción con el consumo, o sea la demanda, para aumentar el nivel de beneficio. Se supone que el nivel de demanda de un bien o servicio no es una variable que se pueda manipular, o al menos así se supone en los primeros cursos básicos de economía, y la oferta y la demanda se van acomodando hasta llegar a un punto de equilibrio.
Pues hoy en día los variados mecanismos publicitarios y de marketing utilizados a través de los medios de comunicación masivos, son sumamente eficaces para la manipulación de las masas y sus formas de consumo, generando de esta manera, ilusiones de escasez, necesidades de consumo más allá de las necesidades reales, gusto por productos, actividades, conductas, que a la larga, y de una forma muy indirecta, son tremendamente perjudiciales para la sociedad en su conjunto. Estos mecanismos llegan a ser en muchos casos muy perversos y crueles, en el afán de convencer a las personas de que necesitan de tal bien o servicio. Son mecanismos que están bien estudiados por profesionales que conocen el poder de sugestión de las diferentes técnicas y cómo piensan en general las personas, tratadas en conjunto como “masa”. Por ejemplo la asociación de sentimientos y sensaciones maravillosas que tienen quienes consumen el producto o servicio pero que no están directamente relacionadas con este. Todo tipo de mensajes subliminales que son captados por el subconsciente. La utilización de estereotipos muy perfeccionados de personas con los cuales cada sector de la población se sienta identificado, e inconscientemente se asocie el bienestar que se muestra al consumo de tal bien o servicio.
Voy a compartir una anécdota curiosa que me ocurrió hace un tiempo. Desde que me acuerdo que comencé a utilizar desodorantes en aerosol, la forma en que me lo aplicaba era presionar un instante el aplicador debajo de cada axila. Pues hace unos días me sorprendí a mi mismo aplicándomelo además de en las axilas, en el resto del torso desnudo utilizando el aplicador por unos segundos. Esta forma de aplicarlo me llevó a pensar que así se gastaba más rápido y no era conveniente para mí, porque tendría que comprar más cantidad de desodorante, o lo que es lo mismo, reponerlo cada menos tiempo. Me quedé intrigado pensando qué había ocasionado tal cambio en mi conducta. Quedé sorprendido cuando al prestar un poco de atención a las publicidades de desodorantes, independientemente de la marca, ahora todos se lo aplicaban sobre todo el cuerpo, conducta que inconscientemente yo copié.
Hasta ese nivel de sutileza llegan las publicidades de hoy en día.
La sociedad de consumo, la publicidad, la propaganda cuando se trata de intereses políticos, generan diariamente, en forma masiva, lenta pero persistentemente, necesidades de consumo, sensaciones de inseguridad, estereotipos inalcanzables, deseos de poseer cada vez más, asociados a la felicidad, y otros tantos elementos que hacen que las personas tengan expectativas de consumo cada vez más exigentes, se sientan en muchos casos desamparadas o excluidas, se esfuercen cada vez más por conseguir “riquezas” que luego resultan espurias o superficiales, que nunca colman sus expectativas y hacen que se desee consumir cada vez más o “mejor” para estar a la altura o “mejorar” la calidad de vida, como para estar un pasito más cerca de la felicidad. Todo esto produce inevitablemente ansiedad, frustración y mucho estrés.

Hay opiniones que sugieren que la causa o motivación de hoy en día que tienen los jóvenes delincuentes, es la sensación de exclusión social en el sentido de no pertenecer a la sociedad de consumo. La carencia de objetivos, y la impotencia frente a la sensación de no poder desarrollarse los hace creer que no tienen nada para perder, y de esa forma todo riesgo parece insignificante, incluso poner en riesgo la vida propia o la ajena. ¿Acaso no significa esto que esos jóvenes están superados por el nivel de estrés que padecen día a día al sentirse excluidos?, ¿también que los niveles “normales” de consumo resultan inalcanzables para muchas personas? Cuando esta desesperanza se potencia con el consumo de drogas, resulta una combinación altamente peligrosa para todos.
Ricos y pobres llegan a delinquir por sentirse de alguna forma “desesperados”.
¿Cómo se explica la motivación de alguien que teniendo un estatus socioeconómico mucho más que aceptable para la mayoría de la gente, cometa una estafa?
Seguramente no haya una sola explicación, pero una muy posible es que sintieron que valía la pena correr el riesgo. Siendo así, la presión y el estrés por el que estaba pasando esa persona era enorme para que le resultara ventajosa la ecuación costo-beneficio de cometer un delito y arriesgar su “libertad”, es decir, la libertad que le otorga y permite la sociedad.
Según el artículo en el enlace (2), los síntomas del trastorno de ansiedad generalizada son:
El síntoma principal es la presencia casi constante de preocupación o tensión, incluso cuando hay poca o ninguna causa. Las preocupaciones parecen flotar de un problema a otro, como problemas familiares o de relaciones interpersonales, cuestiones de trabajo, dinero, salud y otros problemas.
Incluso estando consciente de que sus preocupaciones o miedos son más fuertes de lo necesario, una persona con trastorno de ansiedad generalizada aún tiene dificultad para controlarlos.
Otros síntomas abarcan:
  • Dificultad para concentrarse
  • Fatiga
  • Irritabilidad
  • Problemas para conciliar el sueño y permanecer dormido, y sueño que a menudo no es reparador ni satisfactorio
  • Inquietud y a menudo resultar sobresaltado con mucha facilidad
Junto con las preocupaciones y las ansiedades, también pueden estar presentes muchos síntomas físicos, como tensión muscular (temblor, dolor de cabeza) y problemas estomacales, como náuseas o diarrea.
Se está atendiendo cada vez más a los problemas causados por el estrés, pero se entiende que son patológicos sólo cuando las causas son justificadas, según el texto citado, “incluso cuando hay poca o ninguna causa…“. Pero ¿quién y con qué criterio se determina si hay o no causas válidas que justifiquen un trastorno de ansiedad? Me aventuro a responder que los profesionales lo determinan, tomando como algo “normal” las presiones con las que todas las personas vivimos el día a día. El tema de si hay o no una causa válida, sin duda es subjetivo, porque no a todas las personas les afecta de la misma forma una misma situación. Pero ¿qué sucede si la persona no reconoce realmente qué es lo que lo angustia o lo tiene ansioso?, y esto hablando de la mínima parte de la población que consulta a un profesional porque se siente esclavizado por 8 horas de trabajo, o por sentirse agobiado por la sociedad de consumo. Lo que quiero decir, es que estas presiones se consideran “normales”, y en ese sentido se dice que no habría causa aparente fuera de lo normal, y la mayoría de las personas las padecen en silencio, sin siquiera darse cuenta ellas mismas, porque de hecho creen que está bien tener ese nivel de estrés porque es considerado normal, y así lo hacen todos.
¿Qué tal si no fuera tan “normal” el nivel del estrés al que estamos sometidos diariamente?
Además, si esto fuera indetectable por la persona que lo padece, ¿no mostraría esa preocupación fluctuante entre un problema y otro, sin saber qué es más importante y cuál es el verdadero problema de fondo que lo está afectando?
Hagámonos la siguiente pregunta, ¿cuántos accidentes de tránsito o laborales son ocasionados por distracciones o negligencia, cuyas causas son algunos de los síntomas nombrados de la ansiedad generalizada?
La violencia doméstica, violencia en el deporte y la agresividad general en otros ámbitos, ¿no pueden deberse en muchos casos a un muy elevado nivel de estrés provocado por una gran ansiedad que padece la persona?
Yo creo que sí, en la mayoría de los casos, aunque es sólo mi opinión.

Consecuencias.
¿Será el estrés causante directa o indirectamente a través del poco sueño por ejemplo, de bajarle las defensas al organismo?
Seguramente muchos médicos opinen que si, al igual que yo.
Por lo poco que entiendo de la acción de los medicamentos en el cuerpo humano, creo que muchos de ellos no actúan directamente contra los agentes patógenos, sino que ayudan al organismo a mejorar, potenciar o crear sus propias defensas, luego este reacciona y podría decirse que con cierta ayuda “se cura solo”. Se deduce entonces que el equilibrio interno del cuerpo humano es sumamente importante para mantenernos saludables, y que una baja en las defensas propiciaría casi seguramente la proliferación de alguna enfermedad o dolencia.
Entonces se puede argumentar que indirectamente el estrés es causante de muchas enfermedades y dolencias.
Se considera que el estrés en dosis bajas es una sensación normal y hasta estimulante.
La pregunta es ¿quién determina qué es una dosis baja de estrés?
Situaciones comunes de la vida son reconocidas como causas puntuales de picos de estrés, como casarse, tener hijos, mudarse, cambiar de trabajo, la pérdida de un ser querido o un accidente.
El mundo entero vivió bajo la amenaza de una guerra nuclear durante la guerra fría, sin duda esto tuvo que provocar mucho miedo, preocupación y en definitiva ansiedad en las personas que lo vivieron.
La gente que se siente esclava del dinero y/o de su trabajo, como comenté en el artículo anterior, seguramente padece de un estrés y una ansiedad mucho mayores que quienes no lo sienten así, además del estrés generado por las presiones del propio trabajo. Pero no conozco ningún diagnóstico médico de estrés que otorgue unos meses de licencia para beneficiar a la salud de la gente. Seguramente esto suceda porque se considera aceptable el estrés que genera el trabajo, y  aplicando el conocido refrán “mal de muchos, consuelo de tontos”, aunque a través de los años estos niveles hayan subido escandalosamente, lo hicieron para casi todos por igual, salvo una elite muy privilegiada en el mundo, entonces no es nada excepcionalmente importante como para prestarle atención.
Aunque podría haber un doble discurso cuando se recomienda una vida sana, una dieta saludable, actividades al aire libre, hacer ejercicio, dormir bien, no ingerir alcohol ni cafeína, darle prioridad a un descanso adecuado, escuchar música, tocar un instrumento o realizar trabajos manuales, etc. como medidas para bajar el nivel de estrés. O sea que por un lado se dice aceptable pero por otro se recomienda bajar el nivel de estrés porque puede llegar a ser no saludable.



Referencias:

No hay comentarios:

Publicar un comentario