Porque nunca nos prepararon para ello.
Desde las etapas mas tempranas de la educación, no se
fomenta el cuestionamiento de los parámetros establecidos, se premia a quien
sigue las reglas y se tilda de problemático a quien no las acepta.
¿Pero por qué criticar? Porque para poder tomar buenas
decisiones en la vida, entendiendo como buenas aquellas que nos guíen hacia los
objetivos que nos planteamos, es necesario ver la mayor cantidad de opciones
posibles, entender los costos y beneficios de cada alternativa, tener la
capacidad de abstracción como para considerar costos y beneficios no solo
personales, sino del entorno, la sociedad, la humanidad y el medio ambiente.
Para esto se requiere una capacidad de análisis importante. Esta capacidad de
análisis se alimenta simplemente ejercitándola y se atrofia al no practicarla.
Aceptar un camino impuesto sin cuestionarlo, puede ser un
lamentable acto de sumisión, o una desestresada aplicación de la confianza. Un
acto de sumisión significa la resignación del derecho humano a la libre
expresión, mientras que la confianza en los tutores, o los caminos y enseñanzas
que estos nos dieron, serán casi seguramente, tarde o temprano, objetos de una
buena crítica.
Con esta conducta de acepar sin cuestionar establecida en el
sistema educativo, quizás con la visión de que “se debe confiar ahora y ya
habrá tiempo y oportunidad de criticar”, no se estimula aunque sea sin
quererlo, la tan importante capacidad de análisis. Lamentablemente esa oportunidad
muchas veces se hace difícil de afrontar, y por ejemplo es común encontrar gente que “decide” o en la mayoría de los
casos padece, no confrontar o emitir opinión contraria a un jefe o un gerente
por preservar el trabajo. Pero mucho mas profundo es el problema cuando la
mayoría, ni siquiera se cuestiona las bases fundamentales que sustentan el modo
de vida actual, vale decir, por ejemplo, el derecho a la propiedad privada, y
un sistema monetario globalizado que, al permitir a quienes controlan su emisión
tener el control y un poder casi inimaginable sobre la producción de energía,
los gobiernos y con ellos el poderío militar, los medios de comunicación y con
ellos la herramienta mas eficaz y eficiente de manipulación social, y
conviviendo este sistema monetario en una simbiosis inseparable con las
sociedades capitalistas, estimula la marginación y la segregación social, entre
otros tantos profundos y preocupantes problemas sociales que están haciendo a
la humanidad involucionar, o evolucionar hacia su perdición.
Ciertamente no nos están formando para criticar, cuestionar,
ni siquiera analizar los conceptos claves que regirán a lo largo de toda
nuestra vida.
El hecho de que la búsqueda de su propia identidad, y la
necesidad de pertenencia de los adolescentes les genere conflictos que los haga
revelarse contra todo lo establecido, facilita a que se los etiquete de
rebeldes, y de paso se asocia la rebeldía con la crítica muy sesgada que estos
adolescentes comienzan a experimentar, ya que nunca fueron preparados para eso.
Entonces se pretende “encauzar” a estos adolescentes
fomentando la “crítica constructiva”, es decir, “no opines en contra si no
tienes una solución”. De esta forma, muy sutilmente se va apagando esa voz
interna que nos dice que algo anda mal, y no sabemos muy bien por qué ni como
expresarlo.
Entendamos que la habilidad de criticar no necesariamente va ligada a
establecer una postura u opinión, pero para convencernos a nosotros mismos y a
otros de la fortaleza de una determinada opinión, una crítica bien
fundamentada, acompañada de un análisis de los intereses de las partes
participantes, se convierten en una herramienta de suma utilidad.
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