Estrés.
¿Será el
estrés la patología de moda?
Según el
artículo en el enlace (1), “El estrés
puede provenir de cualquier situación o pensamiento que lo haga sentir a uno
frustrado, furioso o ansioso”.
“La ansiedad es un sentimiento de
miedo, desasosiego y preocupación. La fuente de estos síntomas no siempre se
conoce”.
Me gustaría
analizar la posibilidad de tomar al estrés como desencadenante, y por tanto la
causa fundamental de la mayoría de los trastornos que sufren muchas personas
hoy en día.
Sin duda, este
enfoque no es para nada innovador, sin embargo, el problema está en lo que se
considera un nivel aceptable de estrés y cuando no lo es.
Según el
diccionario de la real academia española (3) estrés significa: “Tensión provocada por situaciones agobiantes que
originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves”.
Si bien puede
haber muchas conjeturas en este enfoque, a mi modo de ver, plantea dudas o
análisis muy razonables, y seguramente se pueda encontrar una corriente del
pensamiento a favor de cada postura o punto de vista en particular.
Primero
observemos la enorme incidencia en la población, de trastornos posiblemente
derivados del estrés o directamente de la ansiedad y la frustración.
Adicciones.
Sin disponer
de las cifras concretas, en Uruguay se habla de más del 50% de personas con
sobrepeso y un 30% de obesidad, contando la obesidad infantil que es un
problema importante de preocupación actual. El nivel de adicción a la comida
que presentan las personas con obesidad es variable, pero el tratamiento de la
obesidad como una adicción arroja buenos resultados en la práctica. Por lo
tanto consideremos el problema de la obesidad como cierto nivel de adicción a
la comida.
Ahora
consideremos la incidencia de otras adicciones, como el alcoholismo,
tabaquismo, drogodependencia, adicción al juego, al trabajo, a las compras, al
deporte, al sexo, al dinero, a la pornografía, a la televisión, a los
videojuegos, al chat, a las redes sociales, etc.
Es muy
difícil conocer con certeza la incidencia de algún nivel de estas adicciones en
las personas, por el simple hecho de que la negación es parte de la enfermedad
y por lo tanto las personas adictas no se dan cuenta que lo son hasta que
sufren claramente las consecuencias u otras personas se lo hacen saber, estando
ya en una etapa avanzada de la adicción.
Ahora
consideremos también a aquellas personas que sin desarrollar una adicción,
canalizan su ansiedad con conductas que son puntualmente perjudiciales
comparadas con el beneficio inmediato que les produce, pero por lograr cortar
con esa conducta algunas veces, no se consideran adictas. Sin duda que estas
personas tienen un alto potencial de riesgo de desarrollar una adicción.
Estas
adicciones, o potenciales adicciones, están íntimamente relacionadas con
trastornos de ansiedad. Las adicciones pueden ser psicológicas, químicas, o
ambas, retroalimentándose una a la otra. El consumo del objeto de adicción
produce una sensación de alivio inmediato que canaliza la frustración, ansiedad
y estrés que está padeciendo el sujeto. Luego sobreviene la desazón, angustia, impotencia,
daños físicos y otras tantas consecuencias negativas que sufre tanto la persona
como su entorno, y que generan más ansiedad, frustración y estrés,
convirtiéndose así en un círculo vicioso, ya que esta ansiedad, frustración y
estrés retroalimentado, provocan la necesidad de volver a consumir para nuevamente
sentirse aliviado o anestesiado.
Son numerosos
los tratamientos utilizados para tratar las adicciones, y muy efectivos aquellos
que utilizan equipos multidisciplinarios, pero de esta forma se atacan las
consecuencias y no las causas de los problemas. Como siempre, lo urgente no
deja tiempo para lo importante.
La sociedad
de consumo.
Las empresas,
desde las grandes corporaciones multinacionales, hasta las más pequeñas
empresas familiares o unipersonales, alentadas por el sistema capitalista que
ejerce presión al punto de aceptar las “reglas de juego” o desaparecer, están
embarcadas en un aumento de la producción ilimitado. Este aumento de
producción, dado por la explotación del medio ambiente cada vez más irracional,
o de la mejora en la eficiencia de los procesos productivos, con el consecuente
aumento de presiones y exigencias a los trabajadores, hace que se deban buscar
nuevos mercados, o aumentar el consumo del mercado actual. Pero si la oferta
aumenta, el precio y por lo tanto los beneficios decrecen, entonces hay que
aumentar conjuntamente la producción con el consumo, o sea la demanda, para
aumentar el nivel de beneficio. Se supone que el nivel de demanda de un bien o
servicio no es una variable que se pueda manipular, o al menos así se supone en
los primeros cursos básicos de economía, y la oferta y la demanda se van
acomodando hasta llegar a un punto de equilibrio.
Pues hoy en
día los variados mecanismos publicitarios y de marketing utilizados a través de
los medios de comunicación masivos, son sumamente eficaces para la manipulación
de las masas y sus formas de consumo, generando de esta manera, ilusiones de
escasez, necesidades de consumo más allá de las necesidades reales, gusto por
productos, actividades, conductas, que a la larga, y de una forma muy
indirecta, son tremendamente perjudiciales para la sociedad en su conjunto.
Estos mecanismos llegan a ser en muchos casos muy perversos y crueles, en el
afán de convencer a las personas de que necesitan de tal bien o servicio. Son
mecanismos que están bien estudiados por profesionales que conocen el poder de
sugestión de las diferentes técnicas y cómo piensan en general las personas,
tratadas en conjunto como “masa”. Por ejemplo la asociación de sentimientos y
sensaciones maravillosas que tienen quienes consumen el producto o servicio
pero que no están directamente relacionadas con este. Todo tipo de mensajes
subliminales que son captados por el subconsciente. La utilización de
estereotipos muy perfeccionados de personas con los cuales cada sector de la
población se sienta identificado, e inconscientemente se asocie el bienestar
que se muestra al consumo de tal bien o servicio.
Voy a
compartir una anécdota curiosa que me ocurrió hace un tiempo. Desde que me
acuerdo que comencé a utilizar desodorantes en aerosol, la forma en que me lo
aplicaba era presionar un instante el aplicador debajo de cada axila. Pues hace
unos días me sorprendí a mi mismo aplicándomelo además de en las axilas, en el
resto del torso desnudo utilizando el aplicador por unos segundos. Esta forma
de aplicarlo me llevó a pensar que así se gastaba más rápido y no era
conveniente para mí, porque tendría que comprar más cantidad de desodorante, o
lo que es lo mismo, reponerlo cada menos tiempo. Me quedé intrigado pensando
qué había ocasionado tal cambio en mi conducta. Quedé sorprendido cuando al
prestar un poco de atención a las publicidades de desodorantes, independientemente
de la marca, ahora todos se lo aplicaban sobre todo el cuerpo, conducta que
inconscientemente yo copié.
Hasta ese
nivel de sutileza llegan las publicidades de hoy en día.
La sociedad
de consumo, la publicidad, la propaganda cuando se trata de intereses
políticos, generan diariamente, en forma masiva, lenta pero persistentemente,
necesidades de consumo, sensaciones de inseguridad, estereotipos inalcanzables,
deseos de poseer cada vez más, asociados a la felicidad, y otros tantos
elementos que hacen que las personas tengan expectativas de consumo cada vez
más exigentes, se sientan en muchos casos desamparadas o excluidas, se
esfuercen cada vez más por conseguir “riquezas” que luego resultan espurias o
superficiales, que nunca colman sus expectativas y hacen que se desee consumir
cada vez más o “mejor” para estar a la altura o “mejorar” la calidad de vida,
como para estar un pasito más cerca de la felicidad. Todo esto produce
inevitablemente ansiedad, frustración y mucho estrés.
Hay opiniones
que sugieren que la causa o motivación de hoy en día que tienen los jóvenes
delincuentes, es la sensación de exclusión social en el sentido de no pertenecer
a la sociedad de consumo. La carencia de objetivos, y la impotencia frente a la
sensación de no poder desarrollarse los hace creer que no tienen nada para
perder, y de esa forma todo riesgo parece insignificante, incluso poner en
riesgo la vida propia o la ajena. ¿Acaso no significa esto que esos jóvenes
están superados por el nivel de estrés que padecen día a día al sentirse
excluidos?, ¿también que los niveles “normales” de consumo resultan
inalcanzables para muchas personas? Cuando esta desesperanza se potencia con el
consumo de drogas, resulta una combinación altamente peligrosa para todos.
Ricos y
pobres llegan a delinquir por sentirse de alguna forma “desesperados”.
¿Cómo se
explica la motivación de alguien que teniendo un estatus socioeconómico mucho
más que aceptable para la mayoría de la gente, cometa una estafa?
Seguramente
no haya una sola explicación, pero una muy posible es que sintieron que valía
la pena correr el riesgo. Siendo así, la presión y el estrés por el que estaba
pasando esa persona era enorme para que le resultara ventajosa la ecuación
costo-beneficio de cometer un delito y arriesgar su “libertad”, es decir, la
libertad que le otorga y permite la sociedad.
Según el
artículo en el enlace (2), los síntomas del trastorno de ansiedad generalizada
son:
“El síntoma
principal es la presencia casi constante de preocupación o tensión, incluso cuando
hay poca o ninguna causa. Las preocupaciones parecen flotar de un problema a
otro, como problemas familiares o de relaciones interpersonales, cuestiones de
trabajo, dinero, salud y otros problemas.
Incluso
estando consciente de que sus preocupaciones o miedos son más fuertes de lo
necesario, una persona con trastorno de ansiedad generalizada aún tiene
dificultad para controlarlos.
Otros
síntomas abarcan:
- Dificultad para concentrarse
- Fatiga
- Irritabilidad
- Problemas para conciliar el sueño y permanecer dormido, y sueño que a menudo no es reparador ni satisfactorio
- Inquietud y a menudo resultar sobresaltado con mucha facilidad
Junto con
las preocupaciones y las ansiedades, también pueden estar presentes muchos
síntomas físicos, como tensión muscular (temblor, dolor de cabeza) y problemas
estomacales, como náuseas o diarrea.”
Se está
atendiendo cada vez más a los problemas causados por el estrés, pero se
entiende que son patológicos sólo cuando las causas son justificadas, según el
texto citado, “incluso
cuando hay poca o ninguna causa…“.
Pero ¿quién y con qué criterio se determina si hay o no causas válidas que
justifiquen un trastorno de ansiedad? Me aventuro a responder que los
profesionales lo determinan, tomando como algo “normal” las presiones con las
que todas las personas vivimos el día a día. El tema de si hay o no una causa
válida, sin duda es subjetivo, porque no a todas las personas les afecta de la
misma forma una misma situación. Pero ¿qué sucede si la persona no reconoce
realmente qué es lo que lo angustia o lo tiene ansioso?, y esto hablando de la
mínima parte de la población que consulta a un profesional porque se siente
esclavizado por 8 horas de trabajo, o por sentirse agobiado por la sociedad de
consumo. Lo que quiero decir, es que estas presiones se consideran “normales”,
y en ese sentido se dice que no habría causa aparente fuera de lo normal, y la
mayoría de las personas las padecen en silencio, sin siquiera darse cuenta
ellas mismas, porque de hecho creen que está bien tener ese nivel de estrés
porque es considerado normal, y así lo hacen todos.
¿Qué tal si
no fuera tan “normal” el nivel del estrés al que estamos sometidos diariamente?
Además, si
esto fuera indetectable por la persona que lo padece, ¿no mostraría esa
preocupación fluctuante entre un problema y otro, sin saber qué es más
importante y cuál es el verdadero problema de fondo que lo está afectando?
Hagámonos la
siguiente pregunta, ¿cuántos accidentes de tránsito o laborales son ocasionados
por distracciones o negligencia, cuyas causas son algunos de los síntomas
nombrados de la ansiedad generalizada?
La violencia
doméstica, violencia en el deporte y la agresividad general en otros ámbitos, ¿no
pueden deberse en muchos casos a un muy elevado nivel de estrés provocado por
una gran ansiedad que padece la persona?
Yo creo que
sí, en la mayoría de los casos, aunque es sólo mi opinión.
Consecuencias.
¿Será el
estrés causante directa o indirectamente a través del poco sueño por ejemplo,
de bajarle las defensas al organismo?
Seguramente
muchos médicos opinen que si, al igual que yo.
Por lo poco
que entiendo de la acción de los medicamentos en el cuerpo humano, creo que
muchos de ellos no actúan directamente contra los agentes patógenos, sino que
ayudan al organismo a mejorar, potenciar o crear sus propias defensas, luego
este reacciona y podría decirse que con cierta ayuda “se cura solo”. Se deduce
entonces que el equilibrio interno del cuerpo humano es sumamente importante
para mantenernos saludables, y que una baja en las defensas propiciaría casi
seguramente la proliferación de alguna enfermedad o dolencia.
Entonces se
puede argumentar que indirectamente el estrés es causante de muchas
enfermedades y dolencias.
Se considera
que el estrés en dosis bajas es una sensación normal y hasta estimulante.
La pregunta
es ¿quién determina qué es una dosis baja de estrés?
Situaciones
comunes de la vida son reconocidas como causas puntuales de picos de estrés,
como casarse, tener hijos, mudarse, cambiar de trabajo, la pérdida de un ser
querido o un accidente.
El mundo
entero vivió bajo la amenaza de una guerra nuclear durante la guerra fría, sin
duda esto tuvo que provocar mucho miedo, preocupación y en definitiva ansiedad
en las personas que lo vivieron.
La gente que
se siente esclava del dinero y/o de su trabajo, como comenté en el artículo
anterior, seguramente padece de un estrés y una ansiedad mucho mayores que
quienes no lo sienten así, además del estrés generado por las presiones del
propio trabajo. Pero no conozco ningún diagnóstico médico de estrés que otorgue
unos meses de licencia para beneficiar a la salud de la gente. Seguramente esto
suceda porque se considera aceptable el estrés que genera el trabajo, y aplicando el conocido refrán “mal de muchos,
consuelo de tontos”, aunque a través de los años estos niveles hayan subido
escandalosamente, lo hicieron para casi todos por igual, salvo una elite muy
privilegiada en el mundo, entonces no es nada excepcionalmente importante como
para prestarle atención.
Aunque podría
haber un doble discurso cuando se recomienda una vida sana, una dieta
saludable, actividades al aire libre, hacer ejercicio, dormir bien, no ingerir
alcohol ni cafeína, darle prioridad a un descanso adecuado, escuchar música,
tocar un instrumento o realizar trabajos manuales, etc. como medidas para bajar
el nivel de estrés. O sea que por un lado se dice aceptable pero por otro se
recomienda bajar el nivel de estrés porque puede llegar a ser no saludable.
Referencias: